Cuando el poeta dice quien somos

El poeta es un loco de amor solitario, un guerrero sin batallas, un fiel recitador de sus lecturas sin lectores que conozcan sus poemas. El poeta, alguna vez, pocas, logra ser oído, porque es sabido que apenas dejan decir que somos quien somos. No sabía que José Miguel Alguero, amigo de la utopía y por tanto mío, fuera también poeta. En esta humilde ventana le invito a que se asome para que todos conozcamos como se forjan versos de utopía.

 

Para un Michelangelo y su (mi) Fonda Utopía.

Es una puerta, apenas escueta cicatriz

de una fachada resumida e impasible

que incita sin embargo a sospechar un secreto.

¡Ábrete Sésamo! cuchichea en el cerebro y te apetece vocear:

¡Ábrete Sésamo y agriétame este velo de sombra incalculable!

Entrégame tu umbral de hornacinas doncellas

y déjame inhalar hechizos y emerger magnetizado

a ese corredor que primoroso se atavía con envolturas y efigies y paneles,

para sentir la chispa de algo recóndito que espera allí detrás y otra vez.

 

Ese fuego es la caverna; es una fonda y es una cripta

de culto cenacular, íntimo y dulce de algún modo,

en donde resuenan pisadas de zapatos topolino

atemperados por faldas gozosamente negras.

Hay un halo profundo de óleo en el paisaje,

la luz eléctrica humedece y parpadea en las farolas

como si alguien acabara de inventarla.

Un piano bosteza en un rincón con fragancias de arpa arrinconada;

la sombra de un Borsalino se apoya contra la barra como soñando utopías,

Charlot y los Hermanos Marx se persiguen por frisos y metopas

mientras Buster Keaton los observa sin saberse acomplejado.

Ya se había quedado atrás el Empire State y ahora

te asalta una columna confundida porque quiso ser hija de Miró

y que quizá haya decidido llamarse

Maria de los Remedios Alicia Rodriga Varo y Uranga.

 

Hay un halo profundo de óleo en el paisaje,

hay primor, hay impulso y hay deseo

en esta fonda fronda tapizada de blancos manteles

y vajillas titánicas que soportan viandas eclécticas y florecidas.

Los zapatos alycristangueros repiquetean en las mesas

alzando los pies femeninos torbellinos de servilletas erotizadas

que sigue con ojos sicalípticos el dueño del burro de atún y chocolate.

Ensimismados tanguean el aire los altavoces

sin atisbar que el roce de robles sedoso hace relucir al piano.

Y porque en Corisco los benga también tienen hembras hermosas,

con un batir de blancas telas diosas que ondean por el éter de la sala

¡Llega Inanna! ¡Ha llegado la carne acariciada!

Sobran las palabras; la sombra del Borsalino gravita sobre la barra

y yo, así lo recuerdo todo, he renacido hace 80 años.

 

José Miguel Alguero García

León julio de 2010

 

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Comentarios: 2
  • #1

    Paqui y Jesús (martes, 20 julio 2010 16:43)

    Muy bonita; tan bonita como aquel verano que nos enseñaste Cádiz.
    En cuanto nos dejen vamos al hotel.

  • #2

    Pepelu (viernes, 23 julio 2010 11:44)

    Genial...mágicas palabras...
    Cuento los dias, las horas, los minutos hasta ese 21 de agosto en que nos reencontraremos con la utopia, con los amigos, con nuestro futuro...
    Un fuerte abrazo.