La voz de Federico García Lorca

Siempre me ha parecido emocionante escuchar recitar a un gran poeta su propia obra. Sublime Pablo Neruda cantando sus poemas sin pudor alguno, como si el Canto General fuera realmente música compuesta para ensalzar su tierra y la letra un mero adorno. Poco antes de morir de pena, ocho días después de que un tal Pinochet matara con su golpe la Isla Negra, grabamos su voz recitando a José Caballero...
...¿Por qué no veo a Caballero,
pintor terrestre y celestial,
con una mano en la tristeza
y la otra mano en la luz?
A ése lo veo...
También grabamos muchas tardes a Rafael Alberti en la Galería Multitud de Madrid mientras se adueñaba a bocanadas de su recién recobrada España. Era, una vez más, sorprendente música, insólita retórica sonora, lo que de sus labios brotaba.
En aquellos años de la primera mitad de la década de los 70, hablábamos mucho de Lorca, más de su vida por cierto que de su muerte. Los que con él habían convivido tenían prisa por contarnos a los jóvenes el íntimo anecdotario, lo que no estaba escrito, el testimonio que podía perderse con ellos para siempre. Maruja Mallo y José Caballero y Buñuel y Neruda y Alberti y Pepín Bello y tantos otros, te contaban cien veces las mismas historias. Teníamos que aprenderlas como en el bosque de Bradbury había que saberse de memoria los libros antes que Fahrenheit 451 los prendiera, quizá por el temor que tenían a morirse antes que aquel al parecer eterno incendiario jefe de bomberos.
De aquellas íntimas noches lorquianas, más íntimas si cabe porque aún era maldita su figura, solía surgir la charla sobre cómo era su voz, y nos hablaban de su frescura, de su tono agudo, levemente aflautado, de su dominio obligatorio del auditorio que tenía que acabar rindiéndose incondicional, fuera quien fuese, a su imaginación y gracia desbordante. Siempre lamentando que nadie hubiera grabado su voz, ni tan siquiera el Archivo de la Palabra del Centro de Estudios Históricos de la II República.
De aquel mítico Archivo, del que sólo dió tiempo a grabar la voz de 29 personalidades de la España de los 30, únicamente se editaron 50 ejemplares protocolarios. Luego iban a venir 5.000 copias, pero lo que vino, como es sabido, fue el silencio.
Utopía atesora, y es cierto que es un auténtico tesoro, cinco de aquellos discos de gramófono. Están en el Museo, tu Museo. Una de esas originales grabaciones es la de Margarita Xirgu, la gran dama de la escena española de los treinta, la amiga de poetas y vanguardistas. Ella recita El Prendimiento de Antoñito el Camborio del Romancero Gitano, y a mí se me antoja que es lo más cercano que tenemos a la voz de Federico García Lorca.

Escúchala como sin duda la escuchó en su día Federico.

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Comentarios: 1
  • #1

    Olivia (sábado, 24 abril 2010 19:23)

    Un lujo poder oír a Margarita Xirgu recitando a Federico García Lorca y un lujo, Miguel, aprender tanto de ti. Muchas gracias.