Diálogos de amor en el Estrecho

LA ROSA ROTA DE LOS VIENTOS

 

A Zaria, madre de un poniente de ternura:

 

-Me ha dicho padre que la rosa de los vientos marca treinta y cuatro rumbos por el mar y por el cielo, y que cada uno es un mundo diferente. No me he atrevido a preguntarle cuántos de esos rumbos él conoce. ¿Sabes tú, madre, hasta que mundos llega su barca cuando sale?

Y ella oculta al niño su mirada triste, mientras llena de sémola su plato y le dice "a comer gañán que se va a enfriar la tajada de cordero", y no se atreve a decirle que la única rosa que él verá será la del desierto y que la rosa de los vientos de su padre es remar contra levante o remar contra poniente.


A María, madre de un levante de ternura:

 

-Mira madre lo que he encontrado enterrado en la arena, estoy seguro que es parte del tesoro de un pirata bereber, como aquel que vino y se llevó a la gente que dormía y luego...

Sin importarle que su madre no le escuche los cuentos que ya se sabe, el niño sigue hablando sin parar, mientras pone su dedo en el centro del tesoro y hace girar la hoja rota de una rosa de los vientos que sólo conserva enteros los costados del este y del oeste. Su madre le mira fugazmente y nada dice, porque no puede contarle que no está rota, que son así las rosas en esta tierra desde hace siglos, desde que los rumbos del norte y del sur fueron borrados de todas las bitácoras, desde que la mar, para cristianos y bereberes, sólo necesita de un pétalo para el este y otro para el oeste.

 

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Comentarios: 1
  • #1

    Vera (domingo, 11 abril 2010 18:59)

    Miguel, me encanta leer tu blog. Me traslada sin querer a un universo de poesía, olores y sabores que difícilmente encuentro en otras webs convencionales. Muchas gracias