Tipas

No van de divas ni famosas. No piden que les firmes adhesiones por mucho que compartas por entero sus querencias. No buscan etiquetas en mis ropas y menos aún miden obsesivas las tallas de las suyas.
Se llaman Patricia y te cuento que me contagia su alegría y eso que fue monja de clausura, y eso que su amor de ahora, enamorada, fue también de otra clausura y yo creo que creo que no creía que más allá de novicias pudiera interesarme de un convento su alegría. También se llaman Patricia y me contó con su mirada de ojos grandes que no me contó nada y me dio y me da alimento con el que pintar de verde las hojas pardas del otoño donde nace la mamiya, mientras teje al paso de Ramón, su enamorado, alfombras de algodón de azúcar para que si se cansa o nos cansamos, al menos sus pisadas y las mías sean más leves, más dulces, más de niños juguetones en la feria.
No van de poetisas famosas por perderse en la mar como alfonsinas, pero sí son a cambio Maribel, mascarón de la proa de una quilla que con amor rompe cada tarde La Caleta mansa, para buscar entre la arena caracolas perdidas donde un día dicen que las hubo, aunque ya ni Carlos Cano logre que vuelva a sonar la mar enredada en sus volutas.
Son tipas de la vida cotidiana, que alimentan a su paso la molesta hambruna de la desazón. Sin ellas me pierdo. Con ellas me siento más que satisfecho, pleno.
Se llaman Alicia y te deja en su mirada el fuego tranquilo de los Andes que un tal pinochet pretendió apagar de su vida y la de Cacho, sin lograr otra cosa, que no es poco, que seamos miles los seres de su exilio que prendimos y aprendimos de su llama. Se llaman Juli, devota del sol que impregna el sur que ansía, feligresa del problema ajeno, elegante del Chanel que perfuma su presencia a nuestro lado.
Son tipas que no van de heroínas de leyenda ni de comic, son sólo diosas del cielo de la buena gente.
Se llaman Consuelo por la noche, luminoso azabache en las pupilas de Vicente por el día, y se llaman Consuelo tras la noche, regalándonos glamour, pese a quien pese por el día, como si gratis fuera antes muerta que sencilla.
Son tipas que enriquecen sus vidas dando lo que tienen a quien quieren. Sin más, Sin nada a cambio.
Se llaman María José, qué decir que no diga a gritos para siempre de por vida su mirada, su silencio.
Haga frío o calor, siempre están. Nunca son luna nueva o sol menguante. Siempre son luna de día o sol de noche para quien, perdido, como yo a veces, necesite su luz de amor callado.
Son tipas que nada esperan porque siempre caminan, calladamente enamorando.

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Comentarios: 3
  • #1

    Rafael (domingo, 14 marzo 2010 02:10)

    Tengo la suerte de conocer a alguna de esas tipas y compartir buenos ratos y buena parte de mi vida con una de ellas. Es verdad,no dejan de enamorar, y es porque no se esfuerzan en ello, no fingen. Así son ellas, tal cual.
    Miguel, escribes poesía en cada artículo. En hora buena. Ya te echabamos de menos.

  • #2

    Una de esas tipas (domingo, 14 marzo 2010 03:03)

    A veces la vida te hace creer que no existen tipos capaces de sabernos. Los hay. Yo conozco a algunos. Gracias, Miguel, por ser uno de ellos.

  • #3

    Jimmy (miércoles, 24 marzo 2010 13:17)

    Soberbio, gracias...maestro.