Diego Revuelta, alma de utopías
A DIEGO REVUELTA
Diego Revuelta Poeta
¿Cómo aprendiste a contar los versos del romancero,
antes de ser el gitano que a Federico contara
que prendieron a Camborio
mientras los guardias civiles sorben limonada todos?
Dínoslo Diego Revuelta,
cuéntanos como aprendiste a ser amigo de Lorca
si no te habían parido
entre jazmín sinvergüenza.
Qué suerte que corra el viento
libremente y a su antojo
desde el levante al poniente.
Y que suerte que te lleve, sin equipaje ni herencia,
del uno al otro costado de la memoria del tiempo,
porque la grana no pesa
ni tu mirada tampoco
Diego Revuelta Torero
¿Cómo pudiste alcanzar de Don Ignacio Mejías
el arte de ser poeta.
preñado de albero y oro,
en las tardes y a las cinco,
si aún tú no habías nacido
para el reloj de la plaza
en la sombra de la tarde?
Cuánta fortuna tuviste
que los vídriales de sal tintaran los salazones
con que cubrieron tus ojos
las madres que amamantaron tu mirada embravecida,
esas dos teas lunares que perforan las raíces
de tu tierra milenaria.
Diego Revuelta Orador
¿Cómo te llegaste a Priego
y cómo fue que Niceto
te enseñó a ser cuentacuentos de Andalucía hacia España
aún antes que por España la tricolor expandiera
que existía otra España, menos España de ellos
más mas España de todos?
¿Cómo fue que lo contaste,
con la labia de Alcalá y en compás de seguiriya,
si los nonatos no hablan
si los nonatos no cantan?
Qué alegría que en Barbate
aún se de la vuelta el viento,
en la revuelta del puerto,
para que pierdan el rumbo por un instante los hombres
y les griten desde tierra las niñas de los moriscos
que vengan a barlovento a degustar caracoles,
entre amigos,
en tu fonda,
sin que haya más caracoles
que tu voz de terciopelo,
de nácar,
de caracola.
Diego Revuelta Bohemio
¿Dónde tomaste la absenta de exceso de tanta noche
del pintor y la modelo de las vanguardias de entonces,
si para cuando tu naciste
ya nos habían robado
los oros de nuestras copas,
y era pecado besar
y era delito la noche?
Qué placer es encontrarte,
espigado como siempre,
oteando el horizonte de Tánger hacia el Estrecho,
de Cádiz a Nueva York,
de Buenos Aires a Roma,
cabalgando el rayo verde
de la verdad de ese instante
en que los hombre se hermanan
cuando se tocan su piel
y se miran cara a cara
y se hablan boca a boca,
y que placer es saber que nada más encontrarlos
a todos das tu alimento
tu sonrisa, su quebranto.
Diego Revuelta Magnate,
¿cómo pudiste ser rico,
millonario de emociones,
aun antes de haber nacido
castañuelas en tu entorno?
Diego Revuelta Iletrado
Si tú no tuviste escuela,
¿cómo fue que convenciste,
a Buñuel para que el perro
no fuera más hortelano
y se hiciera andaluz, gaditano por más señas?
Si naciste como yo sin gerundios ni diptongos,
¿cómo fue que la otra noche,
en tu fonda milenaria,
nos pasamos cuatro copas
diletando emocionados
cual si fuéramos los próceres
de alguna Academia ilustre
de aquellos tiempos de España en que eras ilustre y prócer
siendo honesto e iletrado?
Si nacimos sin raíces, con nuestras señas perdidas
y la mirada enterrada,
y tuvimos que bajar, golpe a golpe, verso a verso,
para encontrarnos las gradas que llevan al alfabeto
de la mano del poeta, letra a letra, pena a pena,
¿cómo es posible que aún sean, tan dulces las esperanzas
que nos robaron sin prenda?....
Diego Revuelta Camborio
yo te pude entrever la otra noche en Utopía
nueva mirada de absenta
cuando gemía el gramófono y se empañaban tus ojos.
Recitaba Margarita con su voz quebrada y libre
y aleteaban tus niñas,
golpe a golpe, vuelta a vuelta, setenta y ocho revueltas.
Recitaba Margarita con su voz quebrada y libre,
exigiendo respirar veinte veces por minuto,
vuelta a vuelta, verso a verso.
Recitaba Margarita a Federico
con su voz quebrada y libre
y recordaba a Camborio
mientras los guardias civiles
beben limonada todos.
MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ
















