Mi experiencia de amor en Utopía

 

Si ya viajó a Utopía enamorado, o prendió el amor a lo largo de su estancia, o una nueva sensación de amor, sutil o trascendente, pasó con su pareja y desea narrarla con palabras, y hasta puede que desee acompañarla de una imagen, este es el espacio que Utopía le brinda para compartir con todos su experiencia.

Experiencias de amor envíadas

Lola y Fernando en la Habitación Tánger

Enero 2010

Nunca he ido a Tánger. Me habían hablado que no era necesario cruzar el Estrecho. Me insistieron que a este lado, en Utopía, Tánger guardaba sus encantos en un Hotel que de por sí ya es puro encanto.


Era muy tarde. El lugar, la cena, el espectáculo, las copas, habían creado en mí, y al parecer en mi pareja, una sensación de irrealidad. Mil veces nos preguntamos pero ¿dónde estamos?, hasta que decidimos dejar de ser prosaicos y hacernos estrellas perdidas de la noche, disfrutando sin más, sin volver a cuestionarnos nada.


Al llegar, ¡al fin!, a nuestro particular Tánger, mi cuerpo no estaba para muchos trotes. Para ser más exactos, el suyo tampoco.


Nos acostamos y empezamos a leer párrafos sueltos de una antigua edición que allí hay de Los Cuentos de la Alhambra. Luego pasamos a las postales. Decenas de postales de los años treinta de Tánger y el norte de Marruecos. El sueño parecía que nos envolvería en cualquier momento, pero algo especial lo impedía. Casi sin darnos cuenta el cansancio voló de nuestros cuerpos y yo me fui haciendo, en una madrugada eterna, odalisca de un harén. No era un juego. Fui poniendo nombre a mis compañeras, las mismas que aparecían con su imagen en las postales. Todas con Zeta: Zahara, Zaida, Zafina, Zena y Zemira. Cada una de ellas pasó a tener su propia ropa o desnudez, y su rincón en la habitación, su espacio vital del harén. Ni él ni nosotras reíamos, sólo sonrisas de miradas, ya que el resto de nuestros rostros se ocultaba por gasas ribeteadas de monedas que sonaban al movernos.


Ahora sí se que he ido a Tánger. Ahora puedo afirmar que Zahara es dulce como los dátiles, Zaida atrevida como la espada del sultán, Zafina perversa como una adolescente, Zena arena del desierto en la tormenta, y Zemira vientre, vientre de danza y de amor.


Pasan los días y sé que siguen vivas. Voy a volver, las necesito.

Zahara, Zaida, Zafina, Zena y Zemira