El espíritu de los años 30
LAS HABITACIONES DEL HOTEL UTOPÍA
Cada una de sus 16 Estancias desarrolla un tema de la vida cotidiana de los años treinta en el mundo. Por su calidad y originalidad es el único hotel de Cádiz con la distinción de tres casitas en rojo de la prestigiosa Guía Michelín.
LA FONDA DE UTOPÍA
Espectacular espacio mezcla de cabaret, café-teatro y restaurante parisino de los 30, que contiene un singular restaurante. En su carta y sus clásicos menús-degustación se combina la tradición y modernidad de la mejor gastronomía.
LOS ESPECTÁCULOS Y LAS NOCHES DE CABARET
La Fonda de Utopía es el espacio mítico del sur por sus noches musicales y de cabaret, con figuras como Mikel Erentxun, Toni Zenet, Pablo Carbonell, Los Delinqüentes, Labuat, Gran Wyoming, Javier Ruibal o Merche Corisco
Cenas de ensueño en la más exclusiva Villa de la Playa de los Alemanes, en Zahara de los Atunes.
Todas las noches de Agosto, y para muy pocos comensales, se podrá disfrutar de la mejor puesta de sol, la gastronomía y el servicio de Utopía, los mejores vinos y las actuaciones de algunos de nuestros artistas.
UNA SIESTA DE UTOPÍA
Acompañe nuestros apreciados menús degustación y del vino que usted desee de nuestra gran carta, con el efecto reparador de la muy española siesta en una de las suites del hotel.
BODAS, EVENTOS Y CELEBRACIONES
Hotel Utopía y Utopía del Mar son los lugares idóneos para aquellos eventos de empresa, celebraciones y bodas que buscan la distinción y la máxima personalización.
BONO REGALO UTOPÍA
Sorprenda con una memorable Experiencia Utopía. Regale el bono que incluye cena, música en vivo, habitación y desayuno desde 185 € para dos personas.
LIBRO DE VISITAS
Los testimonios de los clientes tras su paso por el Hotel Utopía al que muchos "nos han prometido volver".
|
NOVEDADES EN LA PRENSA DEL HOTEL UTOPÍA
16/02/10 Hotel Utopía entre los Top 5 Hoteles Románticos de Andalucía.
27/02/10 Hotel Utopía en "El Viajero" de El Pais por Fernando Gallardo.
05/04/10 Diario de Cádiz: "El Culto de Utopía" por Jorge Garret
01/06/10 Diario El Mundo: "La Utopía de Cádiz" por Manuel Mateo Pérez |
EL BLOG
Por Miguel Ángel Fernández, creador de Utopía
sáb
07
ago
2010
El Cap de frutas de Mata Hari
Mi abuelo fue abuelo de un niño de aquella triste España que para nosotros, los niños, era sin embargo alegre, como alegre era el calor de los cortos veranos que mataban el largo frío de los sabañones. Mi abuelo me decía que en sus tiempos de Maître del Palace de Madrid, la ciudad bullía en torno a sus mesas con el frenesí de unos tiempos de cambios y entreguerras en una España sin más cambios ni guerras declaradas que las gloriosas gestas en Marruecos que los generales organizaban descorchando, generosos, champagnes en el Palace.
Mi abuelo me contaba que, en aquel su Palace, la noche se liaba con el día en eternas volutas, como la piel de la naranja que magistralmente él pelaba en el aire, con cuchillo y tenedor de alpaca, como en su día lo hizo con la plata, para asombro de aquel niño de una época sin platas ni naranjas de la china que pelar al aire cual volutas.
Mi abuelo era pobre, o al menos eso a mí me parecía, y por eso yo ansiaba su compañía, porque le importaba un rábano si iba despeinado o aseado, el qué dirán o el que decían. Liaba tabaco en una rudimentaria máquina que a mi se me antojaba sofisticada, y luego lo vendía a perra gorda. Tenía entrada gratis a los toros porque algunos apoderados aún recordaban sus cócteles del Palace, y allí me llevaba, a la plaza de León por ferias, a fardar de nieto con aquellos gordos sudorosos de sombrero, y les contaba muy serio que yo quería ser torero, mientras la grana de mi vergüenza embozaba mis mejillas.
Mi abuelo se perdió hace mucho, y sus clientes, y aquel tiempo, y hoy, no se por qué, ha vuelto y me apetece decirle que el Cap de frutas que nos hacía, el mismo que decía que preparaba y servía a Mata Hari, estaba buenísimo, y que de las noches de aquellos veranos tan cortos de mi infancia, me queda el recuerdo de su pícaro guiño, a escondidas de mi madre, cuando le decía que el Cap, habiendo niños, no llevaba coñac, sino gaseosa. Creo que Mata Hari, el Palace, y el Cap de coñac de mi abuelo fue mi primera sospecha de que habían existido otros tiempos menos gloriosos y más divertidos y canallas que mis tiempos de niño de posguerra.








































